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Viena es de esas ciudades camaleónicas que nunca pierde la majestuosidad propia de las grandes urbes europeas. Si buscas arte, te ofrece el Belvedere y los lienzos más famosos de Klimt. Si lo que quieres es patinar sobre hielo, vas en invierno y en plena plaza del Ayuntamiento hay un circuito con una gran pista. Si te gusta comer de verdad, en Viena no sólo hablamos de calidad, también de cantidad (no aptos para los que están haciendo dieta). Y si eres cafetero de los de verdad, la capital austriaca se toma muy en serio servir el mejor café. Siempre y cuando no falte la bandejita de plata y el vaso de agua de rigor.

Das möbel
Un coffe shop bastante curioso, pero muy divertido. Además de tomar café o comer, Das möbel es una tienda de muebles. Como lo oyes. Todas las mesas, sillas, espejos y lámparas de esta cafetería están en venta. Cada uno de ellos lleva su etiqueta con el precio y puedes llevártelo a casa si quieres. El mobiliario cambia constantemente y proviene de diseñadores jóvenes e innovadores.

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Café Mozart
Dicen que aquí venía todas las tardes el escritor de ‘El tercer hombre’ a escribir su novela, la que luego se convertiría en hito del cine. Si quieres conocer un típico café vienes, no te pierdas éste. Además, es bastante céntrico, justo en Albertinaplatz. ¡No te lo pierdas!

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Demel
Aunque es un sitio bastante turístico, tiene motivos de peso para ello. Su fina repostería merece la pena y, más aún, si se degusta en el salón principal. Dice la leyenda que era la pastelería favorita del emperador Francisco José, quien hizo construir un túnel secreto para conectar Demel con el Palacio Real, situado a pocos metros, y el actual café. Una recomendación: si no eres tan goloso como el emperador, pasa de largo de la tienda, podría hacer estragos en tu economía….

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Amacord
Aunque no sea muy vintage, esta cafetería-restaurante es muy coqueta. Está cerquita del mercado Naschmarkt y en su carta cuenta con un Schnitzel de impresión. Es un sitio acogedor, perfecto para una cena en pareja. Recomendación: reservar o llegar temprano para encontrar una buena mesa.

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Café Prückel
Es difícil encontrar mesa en este café super vintage con un estilo setentero. La familia Sedlar se encarga de gestionar el Prückel, donde puede leer periódicos de todo el mundo y tomar un chocolate caliente vienés. El rótulo de la entrada es 100% fotografiable.

Café-Prückel

Ni que decir queda que es casi obligatorio probar la Sacher original en el hotel que lleva su nombre y el famoso Café Central, al que van turistas y vieneses.